sábado, diciembre 25, 2004

Treinta y tantos. VIDA Y TIEMPOS DE JOHN HOLMES SUPERSTAR


John Holmes, el hombre de las tres piernas.


"Nunca me canso de lo que hago porque soy adicto al sexo.
Soy muy lascivo
".

(John Holmes)


Si el mundo del porno duro fuera una feria de atracciones ambulantes -y a veces pienso que realmente lo es-, sin duda John Holmes merecería un puesto de honor en la pista central.
Su nombre quizá no figure en las atildadas enciclopedias y estudios "honorables" sobre el séptimo arte, pero eso no importa demasiado. Sus excepcionales, incontestables atributos físicos le situaron a rotunda distancia del resto de mortales y le convirtieron en la máxima estrella masculina de un género donde tradicionalmente es el cuerpo de la mujer el objeto de todas las miradas.
Actor de limitado registro pero enormes recursos, Holmes fue distinguido inmediatamente del resto del pelotón de gañanes por los casi 37 descomunales centímetros de su pene en erección. Consumadas felatrices, como Linda Wong, pueden dar fe de sus consecutivos e infructuosos intentos por engullir semejante pedazo de carne.
Sí, Holmes fue el máximo responsable de que la "envidia de pene", aquel trauma freudiano diagnosticado en las mujeres, también pudiera ser aplicado al resto del género humano.
Y más aún. Holmes ha pasado a la posteridad por ser el superhombre que practicó el sexo ante las cámaras con la friolera de 14.000 mujeres. Que se dice pronto.
Pero no sólo la cantidad es importante, también la calidad. Holmes conoció carnalmente a las más selectas hembras del emporio X: Leslie Bovée, Christy Canyon, Cicciolina, Marilyn Chambers, Lisa DeLeeuw, Tracy Lords, Amber y Ginger Lynn, Karin Schubert, Seka... La relación es interminable.
Aunque no todo fue maravilloso, claro. Aspectos negativos como su condición de politoxicómano y gigoló homosexual, sus contactos con el crimen organizado y su "presunta" muerte a causa del sida (cuatro letras parpadeando en grandes y refulgentes neones rojos, para pavor de toda la industria del sexo) empañaron los logros de este titán genital, emblema de toda una época de liberación sexual y a la vez hombre-objeto devorado por la vorágine de sus excesos.
Pese a todo John Holmes, el Hombre De las Tres Piernas, permanece como incontestable icono de un tiempo cambiante y contradictorio.
Bienvenidos al maravilloso mundo del circo. Pasen y vean...



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Escarbando entre una maraña de datos poco contrastados -cuando no decididamente contradictorios-, todo parece indicar que John Curtis Holmes nació el 8 de agosto de 1944 en el condado de Pickway (Ohio), fruto de la explosiva combinación de un padre carpintero y alcohólico y una madre baptista, permanentemente aferrada a las manoseadas páginas de la sagrada Biblia. Si la beata mujer hubiera intuído por un instante en lo que acabaría convirtiéndose su retoño, a buen seguro habría dudado de la bondad del Señor.
John era el pequeño de tres chicos y una niña y mostró su precocidad -y procacidad- con envidiable celeridad: perdió su virginidad a la temprana edad de 12 años con una amiga de su madre que contaba 36 años de edad. Y lo mejor aun estaba por llegar...
El crecer en el seno de una familia económicamente deprimida le obligó a independizarse a los 16 años. ¿Y qué mejor forma de emancipación que enrolarse en el glorioso ejército americano? Cuenta la leyenda que mientras servia a la patria en Berlín, sus compañeros de acuartelamiento llegaron a pagarle para calibrar de cerca su sobrecogedor apéndice, lo cual no deja de ser un claro preludio de lo que sería su medio de subsistencia en el futuro.
Ya se sabe que en la mili se hacen hombres. Y saltaba a la vista que Holmes era un HOMBRE sin ninguna carencia...
A su regreso a casa en 1964 Holmes se costeó una carrera como profesor de educación física en la universidad de UCLA conduciendo ambulancias y gracias a otra ocupación algo menos honorable: bailando stripteases en clubs nocturnos. Sin intuirlo de forma consciente, lo cierto es que se había iniciado ya en los primeros aledaños del porno. Su peculiar Pigmalion fue un fotógrafo profesional al que conoció oportunamente en su despacho ubicado en los lavabos de un salón de póquer de Gardina y que le embaucó para que se dejara fotografiar para revistas en poses insinuantes.
En 1965, a los 21 años de edad, John se casó con Sharon Gebenini, una enfermera del hospital general del condado y la pareja se instaló en un apartamento en Glendale.
Probablemente lo que hacia emocionante este matrimonio es que ella no sabía absolutamente nada de la doble vida de su marido. No fue hasta una tarde del verano de 1969 cuando John decidió confesarle la verdad con estas proféticas palabras: "Tengo que decirte que he estado haciendo otra cosa y creo que voy a convertirlo en el oficio de mi vida".
Durante los meses siguientes John Holmes fue, con toda propiedad, un fuera de la ley. En aquellos días la comercialización del sexo era aun ilegal y por lo tanto su dirty dancing debía circunscribirse a la clandestinidad, donde las redadas policiales eran frecuentes. El nombre de guerra que escogió fue Johnny Wadd, un alias de capital trascendencia que recuperaremos en el futuro...
Muy joven e insultantemente libidinoso, entre visita y visita a la comisaría (otro augurio de su final), Holmes siguió compaginando sus performances en directo en infames garitos ilegales con su participación en un número indeterminado de cortometrajes bastante osados para la época (lo que en la jerga profesional se llamaban "loops" -en 16 mm.- o "stag movies" -en Super 8-. Contenían un único plano secuencia de 10 a 15 minutos de duración de acción sexual sin argumento), la mayoría de ellos facturados para el sello Ambassador y dirigidos a la venta directa. Algunas informaciones aseguran que en los duros inicios de su tórrida filmografía no dudó en redondear sus menguados ingresos interviniendo en algún que otro film gay, extremo este no confirmado.
En lo privado Holmes y Sharon establecieron un peculiar pacto de convivencia: ella -que regentaba un complejo de apartamentos- pagaba la comida y los gastos de mantenimiento de la casa, se ocupaba de las tareas del hogar y de cocinar para él. Por su parte Holmes se guardaba la pasta ganada con su entrepierna y se la fundía por su cuenta... Un acuerdo ciertamente nada equitativo que da la medida de la personalidad egoísta y despreocupada que siempre le distinguió.
1970 supone el feliz año de la legalización de la pornografía. Algo comparable al final de la Ley Seca. Poco a poco la industria del porno empieza a emerger desde la marginalidad de los siniestros peep-shows y las bacanales privadas hacia la tolerancia generalizada. Ese mismo año alguien en la compañía Ambassador tiene la feliz idea de recopilar los cortos rodados en los años de la clandestinidad en una misma bobina y comercializarlos en una cinta de sesenta minutos presentada en un atractivo estuche y dentro de una colección genéricamente titulada Embassy Girls, pues se suponía que estaban rodados en distintas embajadas extranjeras y que la chicas eran en realidad agentes secretos encubiertos (?!). Serían así puestos en circulación al menos seis títulos, uno de los cuales, Open For Business, incluye la presencia de un pimpollo Johnny Wadd en una breve secuencia.
Otras compilaciones en las que su tremendo ariete en erección saliéndose de la pantalla es la única referencia son Fulfillment (donde las anónimas actrices se las ven y se las desean para engullir entero el susodicho aparato), Beyond Fulfillment (que incluye un temprano anal de Holmes) o Garters And Lace (su primer y explosivo encuentro con Leslie Bovée, una de las más glotonas gulp-girls de todos los tiempos), todas recogiendo material rodado entre 1971 y 1973.
Gracias a este tipo de productos Holmes iniciaría una muy fructífera relación profesional con Billy Thornberg, uno de los realizadores que con más frecuencia le dirigiría a lo largo de su carrera.
En otro volumen recopilatorio auspiciado por Thornberg, Black Silk Stockings ('75), dedicado genéricamente al fetichismo, se incluye una divertida secuencia en la que Holmes "interpreta" a un profesor que muestra a sus alumnas la naturaleza del pene masculino echando mano del suyo propio, de fláccido a erecto, como el mejor ejemplo posible. Un argumento incontrovertible. ¿Alguien se atreve a dudarlo?
Cumplimentado su rodaje lúbrico, Holmes se introducirá en engranajes industriales más enjundiosos a través de la compañía independiente Flaming Productions. Resulta complicado situar sus inicios profesionales tras el levantamiento de la veda, pero todo indica que su debut en un largometraje tras la etapa clandestina se fecha en 1973 en el film Teenage Cowgirls, donde figura acreditado como Long John Wadd.
Aunque ciertamente los títulos clásicos indiscutibles del género son otros (El Diablo En La Señorita Jones, Garganta Profunda, Historia De Joanna, The Opening Of Misty Beethoven, Las Tardes Privadas De Pamela Mann, Tras La Puerta Verde...), el primer hit de auténtico impacto comercial fue este porno western rodado prácticamente en exteriores y amenizado con una genuina banda sonora de canciones country. Holmes interpreta a Río, un atracador de bancos al estilo Robin Hood que galopa acompañado de un petimetre inglés cuando no cabalga a lomos de Amanda Blake, Jane Wenstein o Sally Whiters. Ambos son perseguidos por un cazador de recompensas que va tras sus pellejos y el oro que han robado de un banco. El film concluye con el ya ritual duelo a muerte -un explícito guiño a Solo Ante El Peligro- en el que Río tirotea a su rival, que emplea a su chica como escudo humano.
Pero en un género donde afloraban pseudónimos tan improbables y descacharrantes como Rocky Balboa, Johnny Canada, Sam Falus, Peter Gunn, Michael Knight, Jim Malibu o Bud Weiser, Holmes pronto decide optar por recuperar su verdadero nombre. Al tiempo que, inevitablemente, la longitud de sus atributos empieza a ser proverbial en el mundillo.
Según establece una fuente de toda solvencia como es el reputado erotómano Robert H. Rimmer, el colgajo de Mr. Holmes en estado de flaccidez tenla exactamente una longitud de 13 pulgadas y media. Unas dimensiones que en muchas ocasiones impedían que su miembro apenas pasara a un estado vagamente erecto y obligaba a Holmes a sujetárselo con ambas manos para poder encauzarlo correctamente hacia la codiciada diana. Además Holmes no había sido circuncidado, muy rara excepción entre la parroquia de actores porno de aquellos días, lo cual propiciaria ocurrentes anécdotas en títulos como Sweet Punkin', I Love You ('75) de Robert Norman.
Pero posiblemente su única participación en un film mínimamente trascendente en la historia del género tuvo lugar en la divertida Memorias De Una Pulga ('76) de Jim y Artie Mitchell, basada en un relato pornográfico del siglo XVII y donde compinchado con Paul Thomas interpreta a un sacerdote lujuriosamente entregado a los pecados terrenales.
Hacia 1973 Holmes y Sharon comparten techo y cama, pero ya no hacen el amor. Sharon ha llegado al punto de interrumpir las relaciones íntimas, pero no se ve capaz de ponerlo de patitas en la calle: "Afrontémoslo. Yo lo quería, al muy cabrón. Sólo que no me gustaba lo que estaba haciendo".
A mediados de la década de los '70 John Holmes ya se había convertido en el nº 1 indiscutible, lo que aconsejaría la realización de su primer retrato fílmico, titulado Las Orgías De John Holmes ('75) de Donald U. Cunard, un tour sexual que parte de su casa en San Francisco y tiene paradas calientes en Las Vegas, New York, Londres, París y Roma y en el que un Holmes pletórico se muestra absolutamente desafiante respecto a sus capacidades amatorias: "Soy una de las maravillas del mundo. Tengo la polla más grande del mundo y la he utilizado desde que tenía siete años de edad. Ha estado dentro de 10.000 mujeres, por lo menos, y ninguna de ellas ha quedado insatisfecha. Mi polla es una responsabilidad y debo emplearla. Afortunadamente puedo follar cuatro o cinco horas al día, pero aun espero a esa mujer especial que pueda hacer desaparecer mi polla en su boca, coño o culo".
1976 fue un buen año para Holmes, pues propicio su reencuentro con Leslie Bovée en otro film de tremendo impacto comercial: recaudó dos millones de dólares sólo en su primera semana de exhibición y obtuvo el galardón al mejor film en los premios anuales de la industria X.
Sexy Eruption ('76) de Stanley Kurlan es un carnoso remake de un clásico del cine negro, Perdición de Billy Wilder, lujosamente rodado en Hawaii y en el que Holmes tiene oportunidad de exhibir su tremenda herramienta (¡esos inabarcables primeros planos de las felaciones!) interpretando a un investigador envuelto en una trama de asesinato familiar en la que tanto la viuda (Leslie Bovée) como su hija (Susan Hart) son las principales sospechosas.
El dúo Holmes-Bovée repetirá su química en infinidad de ocasiones. Una de sus más sabrosas colaboraciones llegará con la delirante La Hija Del Senador ('78) de Don Flowers, una cachonda parodia de la serie televisiva El Hombre Biónico en la que Holmes interpreta a una famosa estrella porno que sufre un accidente de automóvil: una groupie le arranca la polla en plena felación cuando Holmes, extasiado, choca contra un camión. El tipo es reclutado por el Gobierno y -previa implantación de un descomunal pene biónico que le proporciona bestiales eyaculaciones y con el que empalará a varias féminas- se le encomienda la misión de rescatar a la hija de un senador, raptada por agentes soviéticos. Demencial.
Sin embargo John Holmes alcanzará su cenit profesional cuando el tándem formado por el realizador Bob Chinn y el productor Damon Christian (aka Richard Aldrich quien, como Alfred Hitchcock, siempre aparecía en sus films en un breve papel) diseñaron especialmente para él el personaje del peludo detective Johnny Wadd, genuino paradigma estético de los '70.
La creación fue tan afortunada que el trío facturó más de media docena de porno-thrillers en serie, todos con la mirada puesta en los grandes clásicos del cine negro. Para Holmes se convirtió no sólo en su personaje favorito y con el que alcanzaría mayor reconocimiento público, sino también en su verdadero alter ego en su vida personal.
Entre los títulos más destacables cabe citar Tapiz De Pasiones que documenta el enfrentamiento entre el calenturiento sabueso y la Viuda Negra; Tell Them Johnny Wadd Is Here ('76) en la que combate el narcotráfico desde la frontera mexicana mientras se beneficia a Annette Haven, Felicia Sanna y Veronica Taylor; Liquid Lips ('76) donde es empleado por el FBI para desmantelar a los narcotraficantes mexicanos en Frisco y aun tiene tiempo para dejar exhausta a Monique Starr; Jade Pussycat ('77) que contiene divertidos ecos de El Halcón Maltés en la búsqueda que Johnny y Georgina Spelvin emprenden de una valiosa piedra preciosa robada de un museo de Tokio; su secuela, China Cat ('78) donde Johnny se alía con las Charlie's Devils (una parodia a costa de las televisivas Ángeles De Charlie) o Blonde Fire ('79) en la que el siempre dispuesto investigador recupera un millonario diamante sudafricano del interior de la jugosa vagina de Seka. ¿O era Jesie St. James?
Como todo personaje con pretensiones de perdurar, Johnny Wadd tenía su imagen distintiva. Algo así como una marca de fábrica: Holmes se dejó crecer el pelo y empezó a vestir llamativas camisas desabrochadas de enormes solapas, pantalones de pata de elefante y un refulgente anillo de oro y diamantes. El auténtico look macarra de los '70. La transmutación era completa. Definitivamente John Holmes ERA Johnny Wadd. ¡Cool!
Lo del pelo era importante. Recuerda que estamos en la Era de Acuario, un caldo de cultivo óptimo para propiciar la proliferación del negocio del porno enmascarado tras una pretendida defensa de la libertad sexual.
Es en aquellos días cuando un Holmes en la cumbre de su estrellato vive sumido en una frenética espiral de viajes intercontinentales, de orgía en orgía -varias de ellas "only for men"- comerciando con su mejor mercancía: él mismo.
Su condición no ocultada de gigoló de alquiler fue uno de los elementos que pesaron como una losa en la reputación de Holmes cuando inició su decadencia, pero lo cierto es que estando en la cima de su popularidad percibe 3.000$ diarios por película y casi lo mismo prostituyéndose con ricachones de ambos sexos de todo el país y también en Europa.
No hay problema. La consigna es seguir cuanto más "alto" mejor. El país vive sumido en el desconcierto de la contracultura y la lucha por los derechos civiles. Y aunque se aproximan negros nubarrones que preludian tormenta (la agónica guerra de Vietnam, la crisis económica, la eclosión de las drogas duras, el escándalo Watergate... ), aún estamos inmersos en la resaca del hippismo y la consigna sigue siendo "haz el amor y no la guerra".
"John se ausentaba cada vez más para rodar películas en Europa, San Francisco y Hawaii, hacer servicios privados, viajar a estrenos de películas por todo el país. En los rodajes cada vez se hacía más difícil tratar con él. Se encerraba en los lavabos, en los armarios. La gente que trabajaba con él se burlaba diciendo que para que John se pusiera a trabajar tenías que dejar un rastro de coca desde el lavabo hasta la cama".
La industria del porno aun era joven, pero a medida que avanzaba la producción, se agotaban las ideas. Los argumentos cada vez eran más huecos y la imaginación exhibida por pioneros decidamente estimulantes como Jerry Gerard (aka Gerad Damiano), los hermanos Mitchell o Henry París (aka Radley Metzger) parecía quedar más y más atrás.
Era comprensible pues que el hardcore no tardara en inspirarse -un eufemismo para obviar términos como "expolio" o "saqueo"- en las historias del cine convencional de Hollywood, cuando no convertían sus producciones en explícitos "porno-remakes".
Los ejemplos son inagotables. En el caso que nos ocupa Johnny Wadd es un paradigma de esta suplantación de géneros, pero no fue ni mucho menos el único héroe de la particular galería de Holmes. Nuestro hombre también participó en Creme Rinse ('76) de Dick Cocks, más que aceptable transcripción porno del controvertido film Shampoo de Hal Ashby; recreó al fundacional John Smith follándose a Pocahontas en The Spirit Of Seventy Sex ('76) de Ricki Kreimm e intervino en otra producción de lo más inaudito, The Erotic Adventures Of Candy ('78) de Gail Palmer, imposible revisitación del Cándido de Voltaire (?!) en la que también comparecieron Carol Connors, Paul Thomas y Georgina Spelvin. A la sombra del impacto del Casanova de Federico Fellini en 1977, ese mismo año el propio Holmes dirigió y protagonizó Casanova y su secuela, Casanova II ('82) de Troy Benny.
Un par de años más tarde le tocaría el turno a otra pintoresca revisitación, Dracula's Bride de Philip Marshack, una revisión del mito del vampiro en clave cómica en la que, además del propio Holmes en el papel de John Stoker, se dieron cita un irrepetible número de estrellas del star system: Serenna, Jamie Gillis, Seka, Annette Haven, John Leslie, Kay Parker...
Existe una versión softcore de la misma, rebautizada Drácula Chupa ('79), que llegó a algunos países -incluido España- en la que se excluyeron los planos más explícitos. Y aun una tercera versión, Lust At First Bite ('79) de Philip Morris, presenta el metraje más integro.
Al margen de estas fotocopias, personalmente destacaría en esta etapa de la carrera de Holmes sus ígneos choques con la volcánica, inolvidable Marilyn Chambers. En 1980 Holmes aparece frugalmente al final del metraje de uno de los films de mayor venta de la historia del video X, Furor Insaciable ('80) de Godfrey Daniels, aunque su intervención es, como siempre, contundente.
La peli narra los escarceos sexuales de la rica y liberada modelo Sandra Chase (rabiosa Marilyn Chambers, quien también se atreve a cantar algunas canciones), lujosamente instalada en Londres. Ello permite a Daniels alternar las típicas estampitas turísticas con los intentos de su protagonista por apaciguar su furor uterino. "¡Nunca estoy satisfecha!" gemirá después de ser sodomizada por Holmes en un sueño húmedo, prefigurándose así como el ideal femenino, la perfecta fantasía de toda mujer (desde una perspectiva estrictamente machista, claro): treinta centímetros de bamboleante carne morcillona abriéndose paso entre las piernas, horadando las profundidades del ojete en una indescifrable mezcla de placer y dolor. Dentro y fuera. Arriba y abajo. Como un émbolo descomunal de diez centímetros de diámetro, perfectamente engrasado.
Tres años más tarde, la insatisfecha Marilyn Chambers volverá a requerirle para ilustrar la primera entrega de su sofocante serie Fantasías Privadas ('83) , con una única secuencia juntos en la que como atlética sosias de Jane Fonda en plena sesión de aerobic es enculada de nuevo por un huesudo y catatónico Holmes. Por si fuera poco la cinta incluye la inolvidable secuencia del acrobático trío lésbico con los bolos, absolutamente demoledora.
Hacia finales de los '70 el refulgente brillo de la estrella Holmes empezaba a declinar a pasos agigantados. Últimamente su principal patrimonio tenia problemas de turgencia.
Esnifaba una raya de cocaína cada 10 o 15 minutos y engullía de 40 a 50 pastillas de Valium diarias para contrarrestar el efecto. Y obviamente eso afectaba a su pene: simplemente no se le levantaba. Tal situación acabó repercutiendo muy negativamente en los rodajes, que se veían constantemente interrumpidos por la inhibición provocada por los estupefacientes.
Divorciado de Sharon, Holmes vivía con su amante en la caravana del Chevrolet Malibu de su ex-mujer. La chica -hija de un matrimonio divorciado de Miami y a la que conoció en 1976 cuando era una inquilina adolescente del complejo de apartamentos que regentaba Sharon- se prostituía para que John pudiera costearse su hábito.
"Hacia 1978 Holmes se pasaba todo el tiempo fumando cocaína. Se había metido en la droga durante el rodaje de una película en Las Vegas y desde entonces no dejó de fumar. Ya no iba nunca a ninguna parte sin su maletín Samsonite marrón. Dentro llevaba las drogas, su pipa de vidrio, el bicarbonato y un platillo para hervir el polvo de la cocaína hasta convertirlo en una piedra, una botella de ron 151 y bolitas de algodón para encender la pipa".
Paralelamente Holmes contribuía a la economía familiar ejerciendo como vulgar ratero: robaba equipajes en las cintas transportadoras del aeropuerto de Los Ángeles o bien adquiría electrodomésticos con las tarjetas de crédito de su mujer y los revendía cobrando en efectivo.
En lo privado, seguía manteniendo una peculiar relación a tres bandas con Sharon y su joven amante. "Cuando se metía coca, lo hacía hasta que ya no quedaba. Luego rascaba la pipa y se fumaba toda la resina que podía sacar y después se tomaba un puñado de Valiums. Me hacía hacerle aquellas galletas de chocolate y manteca de cacahuete. Toda esa cantidad de azúcar le ayudaba a dar el bajón. Se bebía un gran vaso de leche, poníamos los dibujos animados y luego se iba a la cama en el dormitorio de Sharon. Yo solía quedarme dormida en el sofá".
A medida que el trabajo menguaba se iba acercando peligrosamente a la cuneta de una industria con abundantes conexiones con el crimen organizado. A raíz de su adicción entró en la órbita de la llamada Banda de Wonderland, una pandilla de delincuentes de medio pelo para los que ejercía de correo, llamada así porque tenía su base de operaciones en una casa de Wonderland, una avenida con residencias de lujo ubicada en Laurel Canyon, una colina boscosa que se eleva sobre Hollywood.
Simultáneamente, Holmes se relacionaba con turbios personajes como Ed Nash, un tipo definitivamente dañino al que suministraba chicas a cambio de cocaína y que marcaría decisivamente -para mal- su destino futuro.
Nash -de verdadero nombre Adel Nasrallah- era un palestino nacionalizado norteamericano que había desembarcado en la tierra prometida a finales de los '50, comenzando como un humilde vendedor de perritos calientes. Años después ya era el millonario propietario de varios inmuebles, locales de striptease y clubs gay de L.A. Y en sus ratos libres traficaba con drogas e invertía en pelis porno.
Los años '80 fueron una época devastadora para John Holmes. Quizá no en lo profesional, pero sí en lo personal. Probablemente el único resto que merecería salvarse de su naufragio emocional fue su relación con Laurie Rose, por influencia de la cual abandonó la adicción a las drogas.
A principios de 1983, Holmes estaba rodando la película Flesh Pond de Troy Benny en un estudio de Frisco cuando conoció a una de las actrices del film. Era Laurie Rose. Tenía 19 años y provenía de un pequeño pueblo de los alrededores de Las Vegas. En la galaxia estelar del porno se la promocionaba pomposamente como Misty Dawn, La Reina Anal Del Porno. Fue ella quien se convirtió en su segunda mujer.
John se alejó de las drogas por influencia de Laurie. Se quedaban mucho en casa y veían videos. Los fines de semana frecuentaban encuentros de intercambios de parejas y subastas. Hasta que en el verano de 1985, John dio positivo en el análisis del sida...
"Cuando volvió se reía de aquello. Cerramos la oficina y nos fuimos a la playa. Tocamos nuestras canciones favoritas, paseamos y hablamos. John me dijo que le parecía como si le hubiesen elegido para coger el sida por ser quien era, por cómo vivía. Se sentía como si fuera un ejemplo".
Pero pronto se hizo evidente que la que en principio pudiera haber parecido fortaleza de carácter ante la adversidad era en realidad pura inconsciencia. Kamikaze Holmes calló y siguió haciendo las dos únicas cosas que sabía hacer bien: introducir cocaína en su tabique nasal y la polla en coños ajenos.
Uno de ellos fue el de la inolvidable Ginger Lynn, con la que tuvo su primer encuentro en Girls On Fire ('84) de J. Remy. Ginger recuerda al respecto: "me moría de miedo. Pensaba que no me podría penetrar con 'eso' pero al final nos compenetrábamos muy bien".
Llegados a estas alturas de la peli John Holmes se me antoja como un tipo débil. No alguien perverso que ejerciera el mal por voluntad propia como hoy le recuerdan algunos de sus compañeros de profesión, pero si por desidia o inconsciencia. Un ser quebradizo y vacilante -y probablemente también muy fatigado- que simplemente se dejaba llevar a la deriva, a merced de los acontecimientos, en un turbio mar de inseguridades generadas por su propia adicción a un ritmo de vida irreal. Sólo así se explica que siguiera consumiendo drogas y participando activamente sin ningún tipo de profilaxis en una industria de tan alto riesgo sanitario como la del porno sabiendo que su salud estaba tan deteriorada. En esas condiciones era obvio que Holmes coqueteaba con la zozobra. De hecho, había iniciado ya una travesía sin retorno que jamás le retornaría a puerto seguro...
Algunos de sus films mencionables de su última etapa son Rockin With Seka (1980) de Ziggy Zigowitz, con un número antológico con Seka en el papel de azafata calenturienta; Teenage Fantasies 2 (1980), una compilación de sketches rodados en 35 milímetros presentados por René Bond, quien proporciona una soberana lección sobre felación; Those Young Girls ('84) de Myles Kidder, protagonizada por Tracy Lords y Ginger Lynn -también autora del guión, presuntamente basado en hechos reales- y que supuso el retorno del veterano Harry Reems al género, sobrepasada ya la cuarentena; The Grafenberg Spot/G-Spot ('85) de Jim y Artie Mitchell, pseudoadaptación del best-seller planetario El Punto G, con Nina Hartley, Annette Haven, Lili Marlene, Tracy Lords y Amber y Ginger Lynn a la búsqueda del ansiado Punto G; Pubyss ('85) de Duck Dumont y Charles De Santos, con Stacey Donovan, Lili Marlene, Tracy Lords y la tragasables Little Oral Annie propinándole una felación hasta la mismísima base y el recopilatorio Superstars And Superstuds 1 ('86) y otros distribuidos en las series Color Climax y Swedish Erotica.
Tan sólo uno de los títulos de su vastísima filmografía, The Secret Pleasures Of John C. Holmes ('83) -reeditado sucesivamente como John Holmes. The Man y John Holmes. The Man. The Legend- tuvo como destinatario al público gay. Holmes aseguraba haber cobrado por este trabajo un cuarto de millón de dólares.
Todas estas proezas fueron objeto de un exitoso docudrama sobre su carrera, apropiadamente titulado Exhausted ('82) de Bob Chinn y absolutamente recomendable, pues reúne apariciones de la práctica totalidad de las actrices más importantes perforadas por Holmes hasta el tuétano.
Por si fuera poco,se intercalan reveladoras declaraciones del interfecto. En una de ellas advierte que su vida siempre ha estado escindida en tres personajes: "Yo mismo -mi yo real, el tipo que va al baño y se sienta en el inodoro-; mi yo fantástico, que es un fragmento de vosotros, de la imaginación del espectador y el personaje concreto que interpreto en cada película". Es por ello que Holmes admite que sus relaciones con el sexo opuesto fuera de la pantalla no suelen ser muy duraderas debido a que "las mujeres tienen la esperanza de encontrarse con el tipo que ven en la pantalla. Ellas no me aceptan por como soy realmente. Sólo soy un ser humano". Pero la fiel rubia platino Seka plantea la nota discordante al convenir en que Mr. 35 cms. era el mejor amante que ha conocido en toda su vida. ¿Quien dijo que el tamaño no es importante?
Creo recordar que fue Scott Fitzgerald quien aseguró que no hay segundo acto en las tragedias americanas. Y esta no fue una excepción.
Hacia el final de su vida Holmes era la estrella de una sórdida película: su propia vida. El 10 de julio del '81 Holmes, su amante y Sharon fueros arrestados por la policía de L.A. y tras permanecer durante tres días bajo custodia policial fueron liberados sin cargos.
Holmes y su amante huyeron a Miami pero allí fueron detenidos de nuevo. Holmes, Eddie Nash y su guardaespaldas Gregory DeWitt Diles -un personaje que hubiera hecho las delicias del mismísimo Hunter S. Thompson: un metro noventa y tres y 135 kilos de criminal convicto y experto en kárate- fueron acusados del brutal asesinato de La Banda De Wonderland.
Según declaraciones del propio Holmes, Nash le obligó a conducir a tres de sus matones a la casa de la avenida Wonderland donde asesinaron salvajemente a cuatro personas a golpes como venganza por un robo que la banda había cometido unos días antes en la fortaleza de Nash. El múltiple asesinato fue tan brutal que la policía no dudó en comparar el caso con los crímenes rituales de Tate-Labianca cometidos por la familia Manson.
Durante el proceso y dada su antigua colaboración con la policía en la persecución de redes de prostitución de menores, el jurado absolvió a Holmes de los cargos y fue liberado antes de cumplir un año, mientras los otros dos implicados eran condenados a una pena de siete años de prisión.
Con toda aquella publicidad sobre el cuádruple asesinato John Holmes volvió a hacerse famoso. El boom del video estaba en su eclosión y su imagen delgada y cansina, eternamente encorvada, se convirtió en malsano objeto de curiosidad pública.
La primera película que rodó tras ser liberado de prisión fue Up 'n Coming ('83) de Godfrey Daniels, donde un esquelético Holmes interpreta muy brevemente a Charles Strayhorn, un cantante de country&western que se folla trabajosamente a Marilyn Chambers. Huelga decir que no aparece cantando en ningún momento. De hecho, Holmes estaba tan demacrado que casi no se vislumbra su cara en ningún momento. La razón es obvia: Mr. Falo ya estaba muy enfermo y Daniels le utilizó como mero reclamo publicitario para promocionar mejor su película.
Un tiempo después Ed Nash salió de la cárcel sin haber cumplido la totalidad de la condena, lo cual, unido a su condición de seropositivo, trastornó profundamente a Holmes, transformándolo en un ser comprensiblemente paranoico, obsesionado ante la firme posibilidad de un ajuste de cuentas...
Pero sus preocupaciones se remediaron definitivamente el 13 de marzo de 1988 en un hospital de Sepúlveda (California). Sólo tenía 43 años de edad. La versión oficial atribuye la causa de su muerte a un cáncer de colon, pero en las mentideros de Hollywood la palabra "sida" corría de boca en boca. Un rumor que las últimas fotografías del actor (reproducidas incluso en publicaciones rosa como Hola!) parecen ciertamente certificar.
Pese a ello estos rumores nunca han sido confirmados. Es, simplemente, una verdad tácita. Su cuerpo fue incinerado, las cenizas esparcidas en el océano y la empañada leyenda de John Holmes pudo ingresar definitivamente en el panteón del star-system genital.
Sin embargo su desaparición no apaciguó la caza de brujas. Su muerte hizo que se reabriera el caso de los asesinatos de la avenida Wonderland y seis meses después -exactamente el 8 de septiembre de 1988- el señor de la droga Eddie Nash y su guardaespaldas fueron acusados de los crímenes, aunque más tarde serían absueltos.
Sus últimas y agónicas películas fueron la coprodución italoamericana Cicciolina Number 1 ('86) de Riccardo Schicchi, donde un demacradísimo Holmes hace el amor con la por entonces polémica pornodiputada y una timorata Amber Lynn; Fiebre Del Viernes Noche ('86) de Charles De Santos, en compañía de Janney Robins o Lili Marlene, que fue estrenada póstumamente y The Devil And Mr. Holmes ('87), donde formó pareja con una de las grandes estrellas europeas, Karin Schubert. Añadir también Let Me Count The Lays ('88), que contiene la primera y única entrevista con John Holmes, hasta ese momento inédita.
La suya fue sin duda una muerte simbólica, pues certificó también el ocaso de toda una época y de una concepción del negocio del porno más libre, simple e ingenua. En una industria donde las estrellas femeninas -salvo honrosas excepciones- deben exprimir al máximo su físico en una exigua carrera contra el tiempo, John Holmes se convirtió en un excepcional corredor de fondo. Desapareció poniendo fin a una carrera que se prolongó por espacio de más de veinte años de intensa dedicación -la más larga y prolífica de la historia de la pornografía mundial- y en la que aseguraba haber protagonizado un total de 2.274 "trabajos" ante las cámaras en los que folló con dos generaciones de intérpretes femeninas, incluyendo las más curtidas veteranas.
Interrogada al respecto, Cicciolina declaraba en la última edición del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona que a penas trató a Holmes durante un par de días, pero que le pareció un "muerto en vida", alguien que había perdido ya toda ilusión por las pequeñas cosas y placeres de una vida que se le extinguía con cada nuevo orgasmo.
Unos años antes, la opulenta Vanesa del Rio todavía recordaba su proverbial simpatía: “Con John Holmes no hay termino medio: o lo detestas o lo amas. A mí me encantaba follar con él. Tener en mi interior todo su volumen me hacía llegar al delirio erótico. No tenía rival y, además, era un excelente compañero, chistoso y ocurrente, no como otros, muermos totales”.
En un negocio donde la competencia es encarnizada, su recuerdo continua generando las dos reacciones básicas para asegurar su perdurabilidad: adhesiones inquebrantables (por parte de machos envidiosos) y rechazos no menos viscerales (de feministas marimachos)
En el bando de los admiradores reencontramos a la reformada Laurie Rose, ahora Laurie Holmes.
Bien dispuesta a rendibilizar sus quince minutos de fama, la sufrida ex Reina Anal ha escrito, en colaboración con Fred E. Basten, la biografia de su malogrado cónyuge. El volumen, de título tan explícito y contundente como los atributos del homenajeado -Porn King- es el principal reclamo de la website mantenida por Laurie, que se anuncia como el primer y único recurso oficial dedicado a Holmes en la red.
En realidad, tras una pretendida coartada en forma de campaña en defensa de la libertad de expresión se revela un indisimulado negocio on line desde el cual se comercializa una modesta panoplia de fotografias autografiadas, cintas de vídeo y juguetes eróticos que toman las generosas dimensiones de Holmes como modelo.
¿Veremos algún día el proyectado biopic basado en su vida largamente anunciado por Abel Ferrara? Uuummm... Y a todo esto, ¿alguien se ofrece como aceptable sosias de su protagonista? La cinta métrica está preparada...


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La columna vertebral de este informe la ha configurado el artículo El Diablo Y John Holmes de Mike Sager, publicado originalmente en el nº 554 (15 de junio del '89) de la revista americana Rolling Stone.
Para su elaboración, Sager entrevistó a casi setenta personas, consultó tres mil páginas de documentos policiales y releyó montones de crónicas periodísticas. Algunas de las citas entrecomilladas han sido entresacadas de dicho texto.
Remito pues a todos los lectores interesados en ampliar la escasa información sobre nuestro héroe a este trabajo, dado que existe traducción en castellano incluida en el volumen recopilatorio Lo Mejor de Rolling Stone (Ediciones B - Barcelona, '95)

4 Comments:

Blogger Ignacio Mª said...

Agradezco de veras tu artículo sobre John Holmes. Extenso pero interesante. Y siempre respetuoso. Muy bien.

10 septiembre, 2007 03:51  
Blogger Ignacio Mª said...

Agradezco de veras tu artículo sobre John Holmes. Extenso pero interesante. Y siempre respetuoso. Muy bien.

10 septiembre, 2007 03:51  
Blogger elDegollador said...

Bo, son ingenuos, no se dan cuenta que para que un pene sea de 37cm deberia estar colgando y ser IMPOSIBLE de ocultar en estado de flacidez!!!
Tambien en donde puede entrar eso...
Además los testigos son toda gente que trabajaba con el, que perfectamente esta convencida por la empresa en que trabaja con $$$ para decir tal medida, ya que esto genera mas ventas, además vi una pelicula y no le llegaba a 30cm seguro.

¡¡¡AVIVENSE GILES!!!

24 marzo, 2008 03:10  
Blogger batichico said...

wow, te felicito, excelente artículo. luego de ver la peli de este actor (peli hollywoodense con val kilmer) quedé con muchas dudas, aclaradas gracias a vos!...

27 junio, 2008 06:46  

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